El rey
Todo comenzó con esa pared mágica, era blanca en mármol y tenia toques de oro que destellaban con la luz del sol, su diseño era parecido al castillo de Aladin con arcos altos e imponentes.
Al entrar fue aun mas impresionante, un jardín con arboles y arbustos exóticos que llenaban el ambiente de pureza y tranquilidad. Aunque el color verde era el que predominaba, me sentí como Alicia en el país de las maravillas, a todo lado que miraba era hermoso y radiante.
Luego de un tiempo de disfrutar el sueño en el que estaba, a lo lejos pude ver una pequeña mancha blanca que llamo mi atención, camine hacia ella y encontré que era un reloj de sol y sombra forjado en oro y los números estaban enmarcados de una manera extraña que no pude descifrar.
Mientras admiraba la bella rareza del reloj, se acercaba a mi lentamente un pavo real que caminaba como si quisiera seducirme, aunque caminaba lento parecía como si el tiempo estuviera alterado pues cada vez que parpadeaba sentía que el animal se acercaba como si estuviera corriendo. Cuando llego al punto en el que yo estaba, tenia miedo, pues fue extraña la manera en que se acerco.
El era un animal grande y bello, con cola larga y plumas de colores azules y verdes tornasol, como si acabara de ser pintado y hubiese salido del cuadro. Mi única reacción en ese momento fue detallar cada milímetro de ese animal que reflejaba poder y distinción. Y aunque tenia que ganarme su confianza para poder acercarme aun mas y poder tocar a esa magnifica criatura, su majestuosidad me detuvo. Su mirada tan penetrante como las raíces de los arboles hizo que bajara mi mirada, en donde encontré una cereza perfectamente redonda, solo con verla pude saborear su dulce.
Recogí del piso la pequeña y me arriesgue a brindársela y aunque el era el rey del lugar recibió con nobleza la cereza.